← Volver al Blog Heladas de inversión
05/11/2026
El conocimiento popular suele quedar recogido en dichos que se transmiten de generación en generación. En esta comarca se dice que «si no para el viento, no hiela». Aunque no es del todo cierto, porque además de las heladas de inversión existen las de advección, el dicho esconde una gran verdad, ya que aquí la mayoría de las heladas son de inversión. De hecho, muchas noches se producen inversiones térmicas, llegue a helar o no, por lo que es un fenómeno característico de la región al que merece la pena dedicar uno o más artículos. Vamos a intentar resumir lo más importante.
Antes de nada hay que hablar del concepto de inversión térmica. Lo habitual en la atmósfera es que la temperatura descienda con la altura. Este descenso suele ser del orden de unos 6 ºC por cada kilómetro vertical. Sin embargo, cuando la temperatura asciende al ganar altitud decimos que hay una inversión térmica, es decir, que ahora el frío está abajo.
Este tipo de helada se produce en noches despejadas y sin viento. Acompáñame en este viaje para entender los factores más decisivos:
- Cielo despejado: es necesario para que la radiación escape y la pérdida de calor del suelo sea mayor. El suelo es lo primero que se enfría por irradiación, y acto seguido se enfría el aire en contacto con él. Si el cielo está cubierto, el potencial de bajada de la temperatura es muy inferior. En esta capacidad para que la radiación escape también influye la orografía, a través de lo que se conoce como factor sky view. Este factor, que va de 0 a 1, indica la cantidad de cielo visible desde un lugar concreto, de tal manera que una zona llana y abierta tiene mayor sky view que una rodeada de montañas. A mayor sky view, mayor es la pérdida de calor nocturna y más potencial tiene la zona para heladas fuertes. Pero es un arma de doble filo, porque las zonas con mucho sky view también suelen tener más viento, lo cual rompe la helada y la inversión. Por lo tanto, pueden no rendir con frecuencia debido al viento, pero tener mayor potencial y rendir más un día puntual.
- Viento débil o en calma: cuando el viento está en calma, el aire frío empieza a acumularse en el fondo de los valles y las vaguadas, y se forma lo que se conoce como una capa de inversión térmica. Cuando ese aire frío queda estancado en una hondonada, se habla de piscina de aire frío, término que proviene del inglés CAP (Cold Air Pool). Según pasan las horas, esta capa de aire frío se va ensanchando y engrosando, y el frío llega a zonas algo más elevadas; aun así, las temperaturas más bajas se suelen dar en las zonas más bajas, y puede haber diferencias de varios grados entre lugares muy cercanos. Si de repente se levanta el viento, las capas de aire se mezclan, la inversión térmica se rompe y la temperatura sube de golpe varios grados. Basta salir de la zona más baja para que la temperatura suba unos grados. En Hacinas puede haber diferencias de 1 a 5 grados entre la zona más baja y la más alta del pueblo, dependiendo del grosor de la capa de inversión. Esta diferencia suele ser máxima poco después de ponerse el sol, porque la capa de inversión aún es delgada.
Aprovecho para poner de ejemplo la situación del pasado 3 de noviembre, en la que se dio una circunstancia muy peculiar que he observado más veces: estuvo toda la noche soplando el viento en Hacinas, mientras que en Cabezón de la Sierra hubo calma toda la noche. En el mapa de viento previsto para esa madrugada por el modelo Arome se ve claramente cómo el viento se acelera por efecto Venturi al pasar por el Puerto del Collado, entre la Sierra del Campiña y los Picos de Urbión. Lo mismo sucede entre la Sierra de Neila y la Sierra del Mencilla. Sin embargo, justo a sotavento de estas sierras se forma un área apantallada donde el viento es nulo o incluso sopla en dirección contraria, con cierto rebufo. Los habitantes de Quintanar de la Sierra conocen bien lo que se acelera el viento al pasar por el Puerto del Collado, pueden tener un viento Norte muy fuerte mientras en Palacios de la Sierra no hay viento.
Viento previsto por el modelo Arome para el 3 de noviembre. Se aprecia el efecto Venturi a ambos lados de la Sierra de Neila.
Una vez más, factores orográficos de pequeña escala provocan diferencias importantes en muy pocos kilómetros. En este día en concreto, en Cabezón de la Sierra se bajó a - 8 ºC, sin viento, y en Hacinas no se bajó de los 3 ºC, con viento.
- Baja humedad relativa: si la humedad es alta al anochecer, la bajada térmica será menor, porque la humedad actúa como regulador térmico: el vapor de agua retiene parte del calor que el suelo pierde hacia el cielo, y al formarse rocío se libera algo de calor. Por eso, cuando lleva varios días o semanas sin llover y el suelo y el ambiente están secos, las heladas de inversión son más fuertes. Y por eso también la temperatura de rocío al atardecer tiene valor predictivo: cuanto más baja es, menos vapor de agua hay y más baja será la temperatura mínima. En invierno, si un anticiclón propicia una ligera advección del oeste, se producen nieblas, pero las heladas son menos intensas. En cambio, si la advección es ligera del norte o del nordeste y el viento llega a calmarse, la helada es mucho más intensa, no solo porque el origen de ese aire es más frío, sino porque también es más seco.
- Nieve en el suelo: este es un factor diferencial. Si hay nieve en el suelo, sobre todo más de 10-20 cm, recién caída y sin compactar, la temperatura puede bajar 5 o 10 grados más que si no la hubiera. El lector quizás se haya dado cuenta en que hay zonas que suelen ser más frías que otras, pero de repente llega un día en que otra ubicación que no solía destacar marca la mínima de todo el país. Seguramente tenía una buena capa de nieve recién caída. Esto se debe a dos efectos: El primero actúa de día y es el albedo, la parte de la luz del sol que refleja una superficie: la nieve recién caída refleja más del 80 %, así que ni ella ni el aire que tiene encima se calientan apenas, y la noche empieza ya con una temperatura más baja. El segundo actúa de noche y es el más importante para estas mínimas: la nieve recién caída está llena de aire, de modo que hace de aislante y no deja subir el calor que guarda el suelo. Sin ese aporte, su superficie se enfría muy deprisa al perder calor hacia el cielo, y con ella el aire que está en contacto. Por eso importa tanto que sea nieve reciente: al compactarse tiene menos aire y aísla peor, y al envejecer refleja menos.
En el caso de Hacinas, la nieve no suele acompañar. Y cuando nieva, el sol compacta muy rápido la nieve durante el día debido a la orografía de la zona: vertiente sur y baja altitud comparada con los alrededores. Haría falta una carambola: que nevara por el día y que se despejara y parara el viento justo al atardecer. Es bastante improbable, porque después de nevar, aunque despeje, lo normal es que siga habiendo viento: el gradiente bárico no suele desaparecer tan rápido, y a la noche siguiente la nieve ya no está en las mismas condiciones. Es más fácil que esto suceda en zonas cercanas de mayor altitud, donde nieva más, como Hontoria del Pinar, Palacios de la Sierra, Riocavado de la Sierra o Pineda de la Sierra.
Con la borrasca Filomena, la zona burgalesa de la Ribera del Duero y el extremo sureste de la provincia tuvieron nevadas importantes, bastante mayores que en Hacinas o Salas, y en los días siguientes las mínimas estimadas por termografías satélite bajaron de los -20 °C. Es decir, zonas habitualmente menos frías rindieron mucho más en esa situación: tenían el potencial ahí, esperando. No fue casualidad, porque esa zona está más abierta a las nevadas del este. En Hacinas, en cambio, el cordal de Urbión y Campiña «deshace» la precipitación que llega del este.
Estimación de las temperaturas mínimas Post-Filomena mediante una termografía satelital.[5]
En otras zonas de España esta combinación es más probable, y es ahí donde se concentran lo que en el argot aficionado se conoce como polos del frío. Se conoce como triángulo del frío a la zona situada entre Teruel, Calamocha y Molina de Aragón: lugares con un sky view alto, baja humedad por ser muy continentales, poco viento y, de vez en cuando, una buena nevada del Este. Todos estos factores juntos, junto a una advección polar continental, se dieron el 17 de diciembre de 1963, cuando en el Observatorio de Calamocha (Fuentes Claras)[3] se registró la temperatura más baja registrada en España en zonas fuera de alta montaña, con -30 ºC. Aparte de este famoso triángulo, hay más zonas en España con potencial para mínimas bajísimas, y los aficionados[1] buscan estas ubicaciones de frío extremo y comparten sus conocimientos[2] sobre la materia. En ellas es más factible bajar de los -20 °C. Sin nieve en el suelo, en España, es bastante más complicado.
Los modelos meteorológicos todavía no tienen la resolución suficiente como para prever correctamente estos eventos; por lo tanto, es en situaciones como esta (y otras) donde los predictores pueden aportar un valor añadido a la predicción meteorológica.
Podemos ver por ejemplo la predicción de temperatura mínima prevista por el modelo de alta resolución Harmonie-Arome de Aemet para la madrugada del pasado día 4 de noviembre. Los valores que preveía el modelo estaban en torno a -3 ºC. La realidad es que la temperatura bajó a valores de entre -7 y -10 en una amplia extensión de la comarca.
Predicción de temperatura mínima por el modelo Harmonie-Arome. Infravaloró la situación en unos 5 ºC.[6]
Buscando uno de estos rincones donde la orografía favorece el frío extremo, un amigo y yo instalamos una estación meteorológica[4] a la entrada de Cabezón de la Sierra, con la colaboración del dueño de la finca, un vecino del pueblo que también es amigo y aficionado. Allí las inversiones térmicas son intensas y las mínimas, más bajas que en los alrededores. Queda por ver qué ocurre el día que coincidan una entrada fría y nieve en el suelo.